Celebración 25N en Las Fuentes

Nov 26, 2025 | 0 Comentarios

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El 24 de noviembre, como viene siendo habitual, nos adelantamos un día al 25N – Día Internacional contra la violencia a las mujeres-, y nos reunimos en dos actos muy emotivos en nuestro barrio organizados por la Comisión de la Mujer de la Asociación Vecinal Las Fuentes

En primer lugar, a las 17 horas, se inauguró una exposición recordando los más de 25 años que han pasado desde que comenzaron a realizarse concentraciones en el barrio manifestando el rechazo a la violencia machista el 25N. En esta inauguración coincidieron un grupo de mujeres que habían compartido esos años de lucha y que consiguieron emocionar al resto de personas asistentes con sus relatos.

A continuación, a pesar de la lluvia, nos acercamos a la Fuente de Las Aguadoras en recuerdo de las mujeres fallecidas por violencia de género, y especialmente por la última asesinada cerca de nuestro barrio. Realizamos un pequeño homenaje y leímos nuestro manifiesto:

Hoy, 25 de noviembre, Día Internacional contra las Violencias Machistas, nos reunimos aquí,
en la Fuente de las Aguadoras, en el corazón de nuestro barrio de Las Fuentes, para alzar la
voz contra todas las formas de violencia que siguen atravesando nuestras vidas.
Las violencias machistas no son hechos aislados: son parte de un sistema que nos ha
querido sometidas, cansadas, en silencio, para cumplir con el deber social reservado para la
mujer, especialmente en tiempos de crisis: criar, cuidar, sostener. Hay violencia física hacia
las mujeres, pero también psicológica, sexual, económica, institucional; violencia en el ámbito
laboral, educativo y sanitario. Son un continuo que forma parte de la estructura patriarcal
sobre la que se sostiene nuestra sociedad que llevamos años denunciando y gracias a ello
años consiguiendo importantes avances, en el plano legal institucional y también en el plano
de la conciencia colectiva y la cultura. Estos avances, sin embargo, no se pueden dar por
supuesto, y la violencia machista, de hecho, sigue manifestándose como algo que no es
lejano ni abstracto.
Una de sus más cruentas manifestaciones, ha sucedido aquí, al lado de nuestras casas, en
el barrio de San José, donde hace apenas unas semanas una vecina fue asesinada por su
pareja. Un feminicidio brutal que golpea a toda Zaragoza.
Nuestra vecina era mujer trabajadora y migrante, y sabemos que la inseguridad vital y material
es un factor de riesgo que agrava todas las violencias. Cuando los alquileres son inasumibles
para una persona sola, o tu procedencia hace que directamente te rechacen en la agencias
como está pasando, cuando no hay redes familiares que sostengan, cuando las instituciones
no garantizan lo básico para sobrevivir si aún estás trabajando, te tienes que enfrentar a salir
del hogar de tú maltratador… escapar se vuelve casi imposible.
La violencia machista no se mantiene solo por la crueldad del agresor; se mantiene también
por un sistema que deja a muchas mujeres sin alternativas materiales.
Necesitamos una mayor conciencia social para no normalizar ni pasar por alto los signos de
violencia que se van acumulando y que van minando la vida digna de tantas mujeres. Pero
también necesitamos decir con claridad que no podemos exigir valentía a quien sabe que no
tiene a dónde ir. O que, aun denunciando, puede encontrarse desprotegida porque el acceso
a la vivienda está descontrolado, sin medidas públicas eficaces que garanticen un techo
seguro.
Cuando el sistema desprotege a las personas más vulnerables, cuando una mujer tiene que
elegir entre seguir maltratada o quedarse en la calle, lo que falla no es su coraje: lo que falla
es el Estado, lo que falla es la sociedad, lo que fallan son las políticas que deberían cuidarnos.
La violencia machista también se combate con políticas de vivienda, con empleo digno, con
rentas suficientes, con recursos públicos accesibles. La libertad necesita cimientos
materiales, y sin ellos seguimos dejando a muchas mujeres atrapadas en relaciones que
ponen en riesgo su vida.
Pero también aquí, muy cerca, vemos cómo la violencia se alimenta de fallos estructurales
que seguimos arrastrando. Por eso hoy queremos apoyar públicamente la lucha de la
asociación Docentes Decentes y del AMPA del IES Grande Covián, que están exigiendo que
ninguna persona condenada por delitos relacionados con el maltrato o la violencia contra
menores pueda trabajar con adolescentes, ni ocupar un puesto docente. Su batalla ilumina
un agujero legal que jamás debería haber existido y demuestra que la defensa de la infancia
es también una lucha feminista.
Hoy también queremos hablar de algo que nos preocupa profundamente: los retrocesos
entre la juventud masculina. Las encuestas lo muestran con claridad: cada vez más chicos
adolescentes reproducen discursos reaccionarios y niegan la violencia machista. La
manosfera y otros espacios digitales están moldeando una masculinidad construida sobre el
dominio, la burla y el desprecio hacia las mujeres. Esto no es un fenómeno aislado: lo vemos
en las aulas, en los institutos, en las calles de nuestro propio barrio.
Por eso la educación afectiva, feminista y basada en el respeto debe ser una prioridad real, y
no un campo de batalla para quienes temen la igualdad.
Aun así, frente a la violencia, las mujeres siempre hemos construido redes: redes de
apoyo mutuo, de cuidados, de resistencia. En Las Fuentes lo vemos cada día. Mujeres que
se acompañan, que se escuchan, que se sostienen cuando el sistema falla; vecinas que se
convierten en refugio, en consejo y en protección. Reconocemos ese trabajo invisible que
salva vidas. Reconocemos a todas aquellas personas (mujeres y hombres ) que desde su
propio espacio, el comercio, la farmacia, el centro de Salud, las residencias, etc., contribuyen
en el día a día al avance del respeto y la igualdad en nuestra sociedad.
Pero también decimos alto y claro que no basta con nuestro apoyo mutuo. Las instituciones
deben actuar con responsabilidad, garantizar vivienda, protección, recursos y justicia real. La
violencia machista no desaparecerá mientras las denuncias no vayan acompañadas de
seguridad y alternativas, mientras el acceso a una vida digna dependa del azar o del privilegio.
Y por eso estamos también comprometidas con nuestra participación social en la asociación
de vecinos, en la federación de barrios, en las AMPAS: la lucha contra la violencia machista
está intrínsecamente unida a la participación, a la comunidad y a la lucha por una sociedad
más justa e igualitaria.
Hoy reclamamos un barrio, una ciudad y un país donde nuestras vidas sean tratadas con
dignidad. Donde ninguna mujer, niña o adolescente tenga que temer por su seguridad. Donde
la igualdad no sea un discurso, sino una práctica cotidiana.
Que esta fuente, símbolo de mujeres que trabajan juntas, nos recuerde que no estamos solas.
Que nuestras voces sigan fluyendo como el agua: constantes, firmes e imparables.
Porque vivas nos queremos.
Porque el barrio que queremos es un barrio libre de violencias machistas.
Porque la lucha feminista es la garantía de una vida digna para todas

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