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Martes Lilas SEPTIEMBRE 2026 – El martes, 1 de SEPTIEMBRE de 2026, la Comisión de la Mujer de la FABZ volvio a convocar una concentración contra las violencias machistas en la Plaza de España de Zaragoza
Después del verano, después de las vacaciones, volvemos a encontrarnos aquí para recordar que la violencia machista no se va de vacaciones.
Vuelve el Martes Lila.
Y volvemos porque seguimos teniendo que gritar algo que debería ser imposible tener que repetir:
NOS ESTÁN MATANDO.
Este verano ha vuelto a recordarnos, con toda su crudeza, que la violencia machista sigue siendo una emergencia social.
A día de hoy, al menos 36 mujeres han sido asesinadas en España por violencia de género en lo que llevamos de 2026, según los datos oficiales de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género.
Treinta y seis mujeres.
Treinta y seis vidas.
Treinta y seis historias que no deberían haber terminado así.
Y detrás de cada número hay una mujer que tenía una vida, una familia, amistades, proyectos, lugares favoritos, conversaciones pendientes y un futuro que alguien decidió arrebatarle.
No son cifras. Son mujeres asesinadas.
Y por eso estamos aquí.
Porque no queremos acostumbrarnos.
No queremos que cada asesinato machista dure lo que dura una noticia.
No queremos que el nombre de una mujer aparezca durante unas horas en los medios y después desaparezca de nuestra memoria.
No queremos que los minutos de silencio sustituyan a las políticas públicas.
No queremos discursos de condena si después faltan recursos para prevenir, proteger y reparar.
No queremos instituciones que reaccionen cuando ya es demasiado tarde.
Queremos llegar antes.
Queremos llegar cuando todavía se puede salvar una vida.
Porque la violencia machista no empieza con un asesinato.
Empieza mucho antes.
Empieza con el control.
Con el aislamiento.
Con la humillación.
Con las amenazas.
Con el miedo.
Con la violencia económica.
Con la violencia sexual.
Con la vigilancia.
Con el acoso.
Con ese “no puedes salir”, “no puedes vestir así”, “no puedes hablar con él”, “si me dejas, te vas a arrepentir”.
Empieza cuando una mujer empieza a vivir con miedo.
Y muchas veces empieza cuando todavía nadie quiere llamarlo violencia.
Por eso insistimos:
hay que creer a las mujeres.
hay que detectar el riesgo.
hay que actuar antes.
hay que proteger antes.
Porque cuando una mujer pide ayuda, no podemos pedirle que espere.
Cuando denuncia, no podemos cuestionarla.
Cuando dice que tiene miedo, no podemos minimizarlo.
Cuando existen amenazas, antecedentes o incumplimientos de medidas de protección, no podemos mirar hacia otro lado.
Porque después llegan las preguntas.
“¿Cómo pudo pasar?”
“¿Nadie lo sabía?”
“¿No había señales?”
Muchas veces sí las había.
Lo que faltó fue llegar a tiempo.
Y llegar a tiempo también es una responsabilidad institucional.
ZARAGOZA TAMBIÉN ES NUESTRA REALIDAD
Y este verano también hemos tenido que mirar de frente a otra realidad que ocurre aquí, en nuestra ciudad.
Zaragoza también ha sido escenario de agresiones sexuales contra mujeres.
En las últimas semanas, la Policía Nacional ha investigado varias denuncias de agresión sexual en el entorno del Parque del Agua y La Almozara. Dos denuncias han sido formalmente recibidas y los agentes tenían conocimiento de, al menos, un tercer episodio. Las investigaciones continúan abiertas y todavía no se ha determinado si detrás de estos hechos existe un único agresor.
Y durante este verano también hemos conocido la investigación de una violación grupal en Zaragoza, un caso especialmente grave en el que dos jóvenes ratificaron ante el juez sus denuncias.
Queremos decir algo muy claro:
No queremos una ciudad en la que las mujeres tengan que aprender a vivir con miedo.
No queremos que salir de noche implique calcular por qué calle volver.
No queremos que caminar solas signifique mirar constantemente hacia atrás.
No queremos que las mujeres tengamos que modificar nuestra ropa, nuestros horarios, nuestros recorridos, nuestros planes o nuestra manera de vivir para intentar evitar que un hombre decida agredirnos.
La responsabilidad nunca es de la mujer que camina sola.
La responsabilidad nunca es de cómo iba vestida.
La responsabilidad nunca es de cuánto había bebido.
La responsabilidad nunca es de por qué estaba allí.
La responsabilidad es de quien agrede.
Y también es responsabilidad de toda la sociedad construir espacios donde las mujeres puedan vivir, disfrutar y ocupar las calles sin miedo.
Por eso necesitamos prevención.
Necesitamos educación afectivo-sexual.
Necesitamos recursos especializados.
Necesitamos que las agresiones sexuales se investiguen y se atiendan con todas las garantías.
Necesitamos acompañamiento para las víctimas.
Necesitamos Puntos Violetas feministas, dotados de recursos y con profesionales formados.
Y necesitamos que la seguridad de las mujeres no se reduzca a decirnos que tengamos cuidado.
No queremos que nos enseñen a tener miedo.
Queremos que enseñen a no agredir.
Porque una sociedad que obliga a las mujeres a estar permanentemente alerta no es una sociedad segura.
Y porque no podemos aceptar que la violencia sexual forme parte del paisaje de nuestras ciudades.
Este verano, en Zaragoza, algunas mujeres han sufrido agresiones que nunca deberían haber ocurrido.
A ellas queremos decirles hoy:
os creemos, no estáis solas y la culpa nunca fue vuestra.
Y a quienes pretenden convertir cada agresión en un suceso aislado les decimos:
No son hechos que podamos normalizar.
No son “cosas que pasan”.
No son el precio que las mujeres tenemos que pagar por ocupar el espacio público.
Son violencia sexual.
Y frente a ella, también respondemos juntas.
RECURSOS, PREVENCIÓN Y RESPONSABILIDAD
Por eso reivindicamos una vez más los Puntos Violetas como espacios de prevención, sensibilización, acompañamiento y respuesta frente a las violencias machistas.
No queremos puntos neutros.
No queremos espacios despolitizados.
No queremos esconder la palabra feminismo.
Porque si queremos acabar con la violencia contra las mujeres tenemos que ser capaces de nombrar su causa:
el machismo.
Y tenemos que ser capaces de señalar también sus consecuencias.
Porque la violencia machista no es una sucesión de casos aislados.
No son “crímenes pasionales”.
No son “problemas de pareja”.
No son tragedias inevitables.
Es violencia contra las mujeres.
Es una violencia estructural.
Y como tal necesita una respuesta estructural.
También necesitamos una sociedad que deje de preguntarse qué hizo la víctima y empiece a preguntarse qué hizo el agresor.
Que deje de cuestionar cómo iba vestida, por qué volvió, por qué no denunció antes o por qué no se marchó.
Y que empiece a preguntar:
¿Por qué él creyó que tenía derecho a controlarla?
¿Por qué él creyó que podía amenazarla?
¿Por qué él creyó que podía decidir sobre su vida?
¿Por qué seguimos educando en una sociedad donde tantos hombres todavía entienden el control como una forma de amor?
Eso también es prevención.
Educar.
Cuestionar.
Transformar.
Organizarnos.
Y no callarnos.
Porque el silencio nunca ha protegido a las mujeres.
El silencio protege al agresor.
El silencio protege la impunidad.
El silencio permite que la violencia continúe.
Y nosotras no vamos a callarnos.
Volvemos a las plazas porque sabemos que los derechos que no se defienden se pierden.
Volvemos porque sabemos que cada retroceso en igualdad tiene consecuencias.
Volvemos porque no aceptamos que se banalice la violencia machista.
Volvemos porque no aceptamos que se recorten recursos.
Volvemos porque no aceptamos que se sustituya la prevención por propaganda.
Volvemos porque no queremos que ninguna mujer tenga que enfrentarse sola a la violencia.
Y volvemos, sobre todo, por las que ya no pueden hacerlo.
Por las 36 mujeres asesinadas este año.
Por sus familias.
Por sus amigas.
Por sus hijos e hijas.
Por todas las mujeres que viven hoy con miedo.
Por todas las que todavía no han podido pedir ayuda.
Por todas las que están intentando salir.
Por todas las que sobrevivieron.
Y por todas las que vendrán después.
Porque ni una menos no es una cifra.
Ni una menos significa que cada vida importa.
Significa que ninguna muerte es inevitable.
Significa que ninguna amenaza debe ser ignorada.
Significa que ninguna denuncia debe caer en saco roto.
Significa que ninguna institución puede darse por satisfecha después de guardar un minuto de silencio.
No queremos minutos de silencio.
Queremos vidas.
Queremos mujeres vivas.
Queremos mujeres libres.
Queremos mujeres sin miedo.
Queremos instituciones que estén a la altura.
Queremos justicia.
Queremos prevención.
Queremos recursos.
Queremos derechos.
Y queremos una sociedad que no mire hacia otro lado.
Porque mientras nosotras sigamos saliendo a la calle, mientras sigamos organizándonos, mientras sigamos señalando la violencia y mientras sigamos diciendo sus nombres, no podrán convertirlas en una estadística más.
Este septiembre volvemos.
Y volveremos cada mes que haga falta.
Hasta que ninguna mujer tenga que vivir con miedo.
Hasta que ninguna mujer sea asesinada por ser mujer.
Hasta que la violencia machista deje de formar parte de nuestras vidas.
Ni una menos.
Vivas, libres y sin miedo.
Frente a la violencia machista: feminismo, organización y respuesta.
No vamos a mirar hacia otro lado.
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